Los dragones de Komodo han sobrevivido y han evolucionado en el duro clima de Islas menores de Sonda (Isla de Flores) en Indonesia durante millones de años, aunque, sorprendentemente, su existencia era desconocida para los humanos hasta hace unos 100 años.
Pueden llegar a medir unos 3 metros de largo y a pesar más de 136 kg convirtiéndose en los lagartos más pesados en la Tierra. Tienen cabezas largas y planas con hocicos redondeados, piel escamosa, piernas arqueadas que les permiten correr hasta 18Km por hora y enormes, colas musculares.
Allí donde habitan (isla de Komodo, Flores, Rinca, Sumba…) estos lagartos son los depredadores dominantes y comen de todo: carroña, ciervos, cerdos, dragones más pequeños, e incluso los búfalos de agua y seres humanos. Para la caza, los dragones de Komodo se basan en el camuflaje y la paciencia y siempre están al acecho. Cuando una víctima deambula utiliza sus poderosas piernas, garras afiladas y dientes de tiburón.

Los animales que escapan de sus garras sólo se sentirán afortunados durante unas horas ya que
la saliva del dragón está repleta de más de 50 cepas de bacterias y en 24 h, la criatura afectada morirá de envenenamiento de la sangre. Su agudo sentido del olfato le ayudará a encontrar el cadáver rápidamente. Un dragón puede comer la friolera de 80 por ciento de su peso corporal en una sola toma.
Hay una población estable de alrededor de 3.000 a 5.000 dragones de Komodo en las islas de Komodo, Gila Motang, Rinca y Flores. Sin embargo, la escasez de hembras ponedoras de huevos, la caza furtiva, la invasión humana y los desastres naturales ha llevado a la especie al peligro de extinción.
¿A qué esperas?
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